El 69 Love Songs, hasta ahora, ha resultado ser una montaña insalvable en la carrera de Stephen Merrit. Un coloso al que no hay manera de acercársele. El disco triple, constituyó una hoja de ruta hacía la belleza más delicada, la belleza a través de la amargura y la ironía. Eran tiempos en los que la creatividad se desbordaba en forma de cóctel perfecto de drogas duras, en los que la exploración y la percepción se cogían de la mano para llegar hasta el final, hasta el límite.
El efecto empezó a desvanecerse a partir de su siguiente trabajo, y quedó solo la mente brillante y turbada de Merrit, que no es poco, pero insuficiente ante tal desborde de creatividad. Y cada año que pasa, y cada disco que pasa, el coloso se va haciendo más y más grande, muestra de esto es el nuevo Love At The Bottom At The Sea en el que se hecha de menos el trance hacía esa belleza que constituye el 69 Love Songs. Quizás sea el mismo 69 Love Songs que impida acercársele, cómo un juego retorcido en el que el mismo disco obligue a empezar desde cero. Todo. Ya nada será igual.
Seisler.

























